domingo, mayo 09, 2004
Me mudo y me mudé
¿Vieron que en los últimos días no daba casi señales?
Bueno. Estaba ocupada en acondicionar el nuevo sitio y dejarlo pipí cucú. Esto que empezó como un hobby, derivó a vicio y se transformó en necesidad, me estaba pidiendo un espacio distinto. Con más comodidades para leerlo y nuevas circulaciones como para no chocarse y transitar mejor.
Debo agradecer a dos ángeles que me dieron una mano bárbara. A José Luis Perdomo, que me recibió con los brazos abiertos y me auxilió con la ingeniería, y a nuestro amigo Hernán, que me hizo la dirección técnica y la ejecución de obra en base a un escaso planito, y me asistió también con la decoración.
El lugar sigue llevando el mismo nombre, un homenaje a los trenes de mi niñez. Yo sigo siendo la Romu de siempre, y espero que ustedes se sientan a sus anchas cuando visiten la nueva dirección de La Estrella del Norte.
Límpiense en el felpudo, y entren por acá.
Un beso grande,
la Romu
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Bueno. Estaba ocupada en acondicionar el nuevo sitio y dejarlo pipí cucú. Esto que empezó como un hobby, derivó a vicio y se transformó en necesidad, me estaba pidiendo un espacio distinto. Con más comodidades para leerlo y nuevas circulaciones como para no chocarse y transitar mejor.
Debo agradecer a dos ángeles que me dieron una mano bárbara. A José Luis Perdomo, que me recibió con los brazos abiertos y me auxilió con la ingeniería, y a nuestro amigo Hernán, que me hizo la dirección técnica y la ejecución de obra en base a un escaso planito, y me asistió también con la decoración.
El lugar sigue llevando el mismo nombre, un homenaje a los trenes de mi niñez. Yo sigo siendo la Romu de siempre, y espero que ustedes se sientan a sus anchas cuando visiten la nueva dirección de La Estrella del Norte.
Límpiense en el felpudo, y entren por acá.
Un beso grande,
la Romu
lunes, mayo 03, 2004
Noche y día
Las cosas que escribo de día respiran distinto a las de la noche. No sé por qué pasa, pero pasa. Leo un texto que terminé de corregir a las 2 de la mañana y me produce un efecto distinto a los que les puse punto final al mediodía. No sé si soy yo la que cambio pasando el meridiano de las brujas, hay menos electricidad en el aire, o de mañana me disperso más. Pero es así, y no hay con qué darle. Me encuentro leyendo Carta a un rehén de Saint Exùpery, por decir algo, y por decir algo me digo "Fa... que cosa más linda y más nocturna..". Agarro un libro de esos que comentan en la tele, y parecen escritos en horario comercial. Me prestan uno de Aguinis para que dé una opinión, y es como si el hombre hubiera tecleado en los semáforos en rojo. Y yo, lejos, muy lejos de escribir para vender, y a veces incluso de escribir para ser leida, noto que el aire fluye distinto si las palabras son regidas por la luna o el sol. Ahora, que escribo en un hueco en el trabajo me pasa igual, pero distinto. Es casi mediodía, y sin embargo las líneas de letras se desplazan de noche. Lo que otro día a esta hora sería una iguana tendida, me resulta más gato ovillado a medida que lo acabo de leer. Hoy tengo los hemisferios rotados pero al revés; tal vez sea por eso que este asunto me llamá más que nunca la atención. Quizá sea el insomnio. Será que me desvelé.
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miércoles, abril 28, 2004
Caballo de sulky, burro de lechero
Con los años he ido acentuando una creciente tendencia a la distracción. Miro las películas mientras por adentro me pasan otros films; me resbalo en las páginas de los libros con la cabeza puesta en una historia distinta, me largo a caminar sin fijarme adonde me llevan los pies. Y es raro, ya que ni dejo de mirar las películas, ni abandono el hilván de la lectura, ni dejo de llegar donde voy. Rebobino la cassetera en busca de escenas perdidas, que entonces descubro que ya ví; repaso párrafos que ya me he contado, y aterrizo en los domicilios buscados sin demorarme demasiado en fijarme cómo llegué. Es difícil ponerlo en palabras, porque es más complicado vivirlo y entender. Se me hace a veces que la relación con el tiempo no es como el original ni la copia de los viejos papeles mecanografiados, sino más bien el carbónico del medio, usado tanto para textos parecidos, que acaba marcado por una trama familiar, tallada por los mismos recorridos. No me pongo a pensar mucho, porque ya me acostumbré a que hilar fino en ciertos temas termina por sumar el susto al desconcierto, ya sea por el alzheimer o lo paranatural. Hoy, por ejemplo, que me detuve en una puerta que no me decía nada, en una calle conocida, pero no mucho más. Una cosa es salir con rumbo a, no sé, pongámosle la Dirección de Rentas, empezar a pensar qué voy a hacer de comida para no repetir el plato de ayer, acordarme que le debo una revista a Clarita, darle vueltas a la cara de la nueva novia del nene, y de golpe encontrarme con que ya llegué a Rentas, no sé cómo, pero sin escalas, y todo bien. Ahora, la puerta de la casa de hoy no me decía nada. No era un destino, no parecía una equivocación. Tenía un zaguán viejo, con paredes baqueteadas y llenas de humedad, y una puerta de esas de antes, facetada simulando un vitral. De adentro venía una radio que tosía esa canción, no sé si se acuerdan, "El sol... / el sol sale para todos... / el sol.../ alumbrará tu camino..." que sonaba mucho cuando yo era pendeja. Los vidrios eran traslúcidos, así que no me sorprendió ver nada más que la silueta de mi pobre abuela, con su renguera típica, amenazándome como siempre con que si no bajaba el volumen, tiraba la radio por la ventana. La música se acabó, y en el mundo se hizo el silencio. Yo me quedé parada un rato más, y después empecé a buscar un almacén para comprar arroz y una lata de atún, cosa de distraerme lo suficiente para llegar otra vez a mi casa y a una época donde una ya es grande y no está para estas cosas.
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lunes, abril 26, 2004
Las nuevas pymes
Desde que yo me acuerdo, los bares eran otra cosa. Podían ser grandes o chicos, confiterías o barras al paso, pero eran otro tema, no ésto que se ve hoy. Cuando la libertad se cifraba en escaparse del colegio, los bares eran lo más parecido a la caverna de Platón. Un lugar adonde se regresaba para fumar tranquilas, hablar de novios, cuerear a las de los cursos superiores, irnos abriendo con torpeza en besos y caricias que ni llegaban a primer amor. Santuarios donde imaginábamos un mundo para merecer, la vida, un porvenir. Podíamos ser mozas o chicas de caja en un trabajo de vacaciones, de donde sacar para cigarrillos y salidas al cine. Cada vez que diciembre se sentía en el aire, el cartelito Solicito empleada en la puerta de un bar se abría como una caja de ahorros, garantizando un verano con plata propia para asegurarnos diversión. Después fueron los tugurios cercanos al primer trabajo, cuya clave de acceso era salir en comisión. Una salía en comisión para los asuntos más diversos, y terminaba recalando en el bar para conspirar módicamente con otros iguales, compartir una billete de lotería, seleccionar películas en el cine, leer el diario o buscar ese hombro para llorar. Después nos fue pesando el culo, y apoltronadas tras un escritorio empezamos a pedir que el desayuno se moviera para acá.
Ayer a la noche vi un cartel en un lugar más grande que una cabina de teléfonos: Se solicita bandejera. Al principio me costó asociar, y cuando me di cuenta de qué se trataba, entendí que era nada menos que de la muerte del bar. Se acabó eso de encontrar un lugar acogedor en el microcentro para refugiarse entre trámites, desacelerar, contar tranquila si te dieron bien el vuelto, encontrarte con una amiga, darle la cana a ese que está de trampa, o sentarse en la mesa de la ventana, aunque más no sea para mirar. Ahora cualquier baúl de auto con una cafetera y un microondas para calentar tostados, se transforma ipso facto en un bar. Y si se le adosa un chica en minifalda para llevar los pedidos en bandeja, accede al nivel de negocio rápido y sin riesgos, de esos que deleitan el paladar globalizador. Se acabó la cuenta en el bar y volvió el contado rabioso. Otro lugar acogedor del mundo ha desaparecido para dar sitio a una empresa virtual. Y se apilan los años y cambian las costumbres, y parece mentira, yo sigo sentada mirándola pasar.
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Ayer a la noche vi un cartel en un lugar más grande que una cabina de teléfonos: Se solicita bandejera. Al principio me costó asociar, y cuando me di cuenta de qué se trataba, entendí que era nada menos que de la muerte del bar. Se acabó eso de encontrar un lugar acogedor en el microcentro para refugiarse entre trámites, desacelerar, contar tranquila si te dieron bien el vuelto, encontrarte con una amiga, darle la cana a ese que está de trampa, o sentarse en la mesa de la ventana, aunque más no sea para mirar. Ahora cualquier baúl de auto con una cafetera y un microondas para calentar tostados, se transforma ipso facto en un bar. Y si se le adosa un chica en minifalda para llevar los pedidos en bandeja, accede al nivel de negocio rápido y sin riesgos, de esos que deleitan el paladar globalizador. Se acabó la cuenta en el bar y volvió el contado rabioso. Otro lugar acogedor del mundo ha desaparecido para dar sitio a una empresa virtual. Y se apilan los años y cambian las costumbres, y parece mentira, yo sigo sentada mirándola pasar.
viernes, abril 23, 2004
El mejor espejo de los días
Hace seis años, un día como hoy casi me quiebro y vuelvo a fumar. Me había llamado mi hermano muy temprano y ya no pude volver a dormir. Me volvió a llamar al mediodía y salí de raje al sanatorio. Polo alternaba entre una bola de nervios y una bola de estambre; se desinflaba entero y se tensaba en una nada de segundos, y yo vine a caer justo para trabajar de frontón. En un momento se paró decidido y fue a encarar a los médicos. Gesticulaba y señalaba en todos los cardinales posibles, y al rato volvió mansito y al borde de pucherear.
- No me dejan entrar porque es cesárea.
Ni una hora después desembarcaba la sobri. Pasaba de la una, y como de costumbre hacía calor. Al ver que no lo llamaban, que nadie le avisaba nada, la foto del día fue mi hermano parado contra la puerta de neonatología golpeando corto y repetido con una moneda de cincuenta, hasta que les ganó por cansancio a las enfermeras y no tuvieron más remedio que dejarlo pasar. Y como cintura me falta y andá a cerrarme la puerta en las narices, la tita Romu se coló por detrás. La sobri tenía más boca que cabeza, lloraba como un desquicio de amor, y sólo se calló y abrió unos ojazos grandotes cuando mi hermano le agarró una manito, y con una voz que no le había oído nunca le susurró al oído "¡Bienvenida, bebé!" Yo estaba que quería besar a la enfermera, raptármela a la gorda, abrazarlo al grandote pavo, y hasta mi ex cuñada me empezó a caer bien. De golpe hubo un silencio sagrado, y no aguanté más y salí como para fumarme al mundo envuelto en papel crépe.
Hoy la mocosa tardaba en soplar las velitas, y yo que soy tonta para las emociones la apuré.
- He pensado un solo deseo, tita. Todavía me faltan dos.
Hoy ha sido uno de esos días en los que ni hace falta mirarse. Un espejo de los mejores días que me han tocado vivir.
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- No me dejan entrar porque es cesárea.
Ni una hora después desembarcaba la sobri. Pasaba de la una, y como de costumbre hacía calor. Al ver que no lo llamaban, que nadie le avisaba nada, la foto del día fue mi hermano parado contra la puerta de neonatología golpeando corto y repetido con una moneda de cincuenta, hasta que les ganó por cansancio a las enfermeras y no tuvieron más remedio que dejarlo pasar. Y como cintura me falta y andá a cerrarme la puerta en las narices, la tita Romu se coló por detrás. La sobri tenía más boca que cabeza, lloraba como un desquicio de amor, y sólo se calló y abrió unos ojazos grandotes cuando mi hermano le agarró una manito, y con una voz que no le había oído nunca le susurró al oído "¡Bienvenida, bebé!" Yo estaba que quería besar a la enfermera, raptármela a la gorda, abrazarlo al grandote pavo, y hasta mi ex cuñada me empezó a caer bien. De golpe hubo un silencio sagrado, y no aguanté más y salí como para fumarme al mundo envuelto en papel crépe.
Hoy la mocosa tardaba en soplar las velitas, y yo que soy tonta para las emociones la apuré.
- He pensado un solo deseo, tita. Todavía me faltan dos.
Hoy ha sido uno de esos días en los que ni hace falta mirarse. Un espejo de los mejores días que me han tocado vivir.
jueves, abril 22, 2004
Una teoría clarita
Clarita se puso como loca cuando leyó por encima de mi hombro la frase de Vitalio:
" Para razon alcanzar / tres cosas son menester / tenerla, hacerla valer... / y que te la quieran dar."
- ...¡Pero este hombre es un genio! - gritaba y anotaba en su agenda de frases brillantes la cita - ¡Con lectores así ya podés tirar tu biblioteca y colgarte un tapiz que haga juego con el living, que es lo que te vengo diciendo de hace años!
- Clarita, los lectores son sagrados - me atajé mientras trataba de orientarla a la cocina - Con los lectores no se jode, con los lectores no te metas.
- ¿Ves que desparovechás lo que tenés a mano y después te quejás de balde? - Se atajaba y en medio del tironeo escribía un comment. Igual la saqué, la entré en la cocina y cerré la puerta. Me puse a lavar los platos y ella encendió un cigarrillo. No duró mucho el silencio. Con Clarita nunca aguanta mucho la paz. En medio oriente haría capote.
- Haceme caso, Romita - tiraba secas haciendo anillos - No sufras más. Hacé lo que te dice este hombre y de paso reciclás.
Empecé a secar los platos, y casi que ni me hacía falta el repasador. Con la temperatura que estaba generando, el agua se me hacía vapor sin salir de la vajilla.
- Miré sin ir más lejos donde estás parada, y fijate con lo que contás.
La miré con cara de algo temible, pero nada. No se amedrenta así como así. - Sicoanálisis al paso no, Clarita, que cae peor que el copetín.
- Sicoanálisis no, Romulita. Geografía, si querés. Y economía hogareña, puro Utilísima - abre el cajón de la cocina. - Hace un par de días te encerrabas acá para no escuchar los gritos y evitar la pelotera. Muy bien.
Vacía el cajón de los cubiertos en la mesada; abre el horno y me saca las ollas y sartenes de adentro. Bah, me enkilombiza todo a medida que yo limpio. Nada distinto a lo que puede esperarse en esta casa y sin necesidad de visitas.
- ¿Acá te van metiendo por la fuerza? Okey, desde acá resistís. - acomoda (acomoda es mucho decir) más o menos las cosas, las dispone, las señala.
- ¿Cómo dice este hombre sobre la razón, qué hay que hacer para alcanzarla? - Busca la agenda. - Ah, si. "Tres cosas son menester. Tenerla..."
Me sujeta los hombros y me clava la mirada como si me fuera a dar una noticia fulera - Eso ya está, porque vos a la razón la tenés. No tenés mucho más que eso, casi por dejadez, pero razón tenés. - me habla despacito, como a los borrachos - La razón no se pide, no se consulta. Se tiene. Y como regla general, las víctimas siempre tienen la razón.
- Sí, claro, como los clientes - tiro como para descomprimir, como para zafar.
- Exacto - asiente, como si le hubiera recitado perfecta la fórmula de la coca cola - Vos te compraste un clavo, y como cliente insatisfecha o estafada, lo justo es que tengas razón. Lo primero ya está. Entonces. Veamos lo segundo: "... hacerla valer..." Mmm. Ahí estás floja. Pero no es nada que no tenga remedio. Mirá.
Levanta una sartén y la empuña como tanteándole el peso.
- Este es un elemento disuasorio que puede dejar en claro que vas a hacerla valer - lo deja y agarra un cucharón sopero. - Este es más localizado pero tampoco deja dudas. - Acaricia los cuchillos - Y si hiciera falta más...
La miro asustada.
- Clarita... qué me estás diciendo...
Baja el tono y habla más lento.
- Porque parece que no te estás dando cuenta que la parte tres de lo que te dice tu amigo ya empezó hace trato - hace una pausa de esas tipo "Teatro como en el Teatro" - "...Y que te la quieran dar."
La siesta se transformó de golpe en una cosa dura y silenciosa como esas piedras de los lechos secas de los ríos.
- Ya no es que te la quieran dar, Romu. Es que te la vienen dando.
Agarra una sartén más grande, esta tipo paellera que me regaló mi prima. La mueve con soltura, la agita con solvencia.
- Sí, esta es más de mi rodado - asiente sonriendo. - Con ésta es más difícil que se te escape la razón.
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" Para razon alcanzar / tres cosas son menester / tenerla, hacerla valer... / y que te la quieran dar."
- ...¡Pero este hombre es un genio! - gritaba y anotaba en su agenda de frases brillantes la cita - ¡Con lectores así ya podés tirar tu biblioteca y colgarte un tapiz que haga juego con el living, que es lo que te vengo diciendo de hace años!
- Clarita, los lectores son sagrados - me atajé mientras trataba de orientarla a la cocina - Con los lectores no se jode, con los lectores no te metas.
- ¿Ves que desparovechás lo que tenés a mano y después te quejás de balde? - Se atajaba y en medio del tironeo escribía un comment. Igual la saqué, la entré en la cocina y cerré la puerta. Me puse a lavar los platos y ella encendió un cigarrillo. No duró mucho el silencio. Con Clarita nunca aguanta mucho la paz. En medio oriente haría capote.
- Haceme caso, Romita - tiraba secas haciendo anillos - No sufras más. Hacé lo que te dice este hombre y de paso reciclás.
Empecé a secar los platos, y casi que ni me hacía falta el repasador. Con la temperatura que estaba generando, el agua se me hacía vapor sin salir de la vajilla.
- Miré sin ir más lejos donde estás parada, y fijate con lo que contás.
La miré con cara de algo temible, pero nada. No se amedrenta así como así. - Sicoanálisis al paso no, Clarita, que cae peor que el copetín.
- Sicoanálisis no, Romulita. Geografía, si querés. Y economía hogareña, puro Utilísima - abre el cajón de la cocina. - Hace un par de días te encerrabas acá para no escuchar los gritos y evitar la pelotera. Muy bien.
Vacía el cajón de los cubiertos en la mesada; abre el horno y me saca las ollas y sartenes de adentro. Bah, me enkilombiza todo a medida que yo limpio. Nada distinto a lo que puede esperarse en esta casa y sin necesidad de visitas.
- ¿Acá te van metiendo por la fuerza? Okey, desde acá resistís. - acomoda (acomoda es mucho decir) más o menos las cosas, las dispone, las señala.
- ¿Cómo dice este hombre sobre la razón, qué hay que hacer para alcanzarla? - Busca la agenda. - Ah, si. "Tres cosas son menester. Tenerla..."
Me sujeta los hombros y me clava la mirada como si me fuera a dar una noticia fulera - Eso ya está, porque vos a la razón la tenés. No tenés mucho más que eso, casi por dejadez, pero razón tenés. - me habla despacito, como a los borrachos - La razón no se pide, no se consulta. Se tiene. Y como regla general, las víctimas siempre tienen la razón.
- Sí, claro, como los clientes - tiro como para descomprimir, como para zafar.
- Exacto - asiente, como si le hubiera recitado perfecta la fórmula de la coca cola - Vos te compraste un clavo, y como cliente insatisfecha o estafada, lo justo es que tengas razón. Lo primero ya está. Entonces. Veamos lo segundo: "... hacerla valer..." Mmm. Ahí estás floja. Pero no es nada que no tenga remedio. Mirá.
Levanta una sartén y la empuña como tanteándole el peso.
- Este es un elemento disuasorio que puede dejar en claro que vas a hacerla valer - lo deja y agarra un cucharón sopero. - Este es más localizado pero tampoco deja dudas. - Acaricia los cuchillos - Y si hiciera falta más...
La miro asustada.
- Clarita... qué me estás diciendo...
Baja el tono y habla más lento.
- Porque parece que no te estás dando cuenta que la parte tres de lo que te dice tu amigo ya empezó hace trato - hace una pausa de esas tipo "Teatro como en el Teatro" - "...Y que te la quieran dar."
La siesta se transformó de golpe en una cosa dura y silenciosa como esas piedras de los lechos secas de los ríos.
- Ya no es que te la quieran dar, Romu. Es que te la vienen dando.
Agarra una sartén más grande, esta tipo paellera que me regaló mi prima. La mueve con soltura, la agita con solvencia.
- Sí, esta es más de mi rodado - asiente sonriendo. - Con ésta es más difícil que se te escape la razón.
miércoles, abril 21, 2004
Tuco y Tico, abogados.
- Mirá, yo te voy a explicar cómo funciona - me alecciona mi amigo Tuco, abogado, mientras caminamos y no deja de saludar gente a diestra y siniestra- esto es como los estratos geológicos.
- Serán detritos, no estratos - corrige zumbón mi amigo Tico, abogado - por esta zona de la ciudad, podemos dar fe de que el hombre está compuesto por un 80 por ciento de meo.
Tuco y Tico son mis amigos abogados. Los bautizamos así porque si bien son cuervos de profesión, cierta liviandad de espíritu, así como un dilatado abuso del humor, los ubican más cerca de las urracas parlanchinas.
- Ja - Ja. - Acota mi amigo Tuco, abogado - Andá a hacerle guiones a La Niñera. En serio, Romu, prestá atención...
- Eso, eso, prestá atención, que está por disertar el licenciado - se mofa mi amigo Tico, abogado - Y aprovechá que la tarea docente la hace de onda, no te factura honorarios.
- Ja - ja ya está... - masculla mi amigo Tuco, abogado - Je - je. Eso: je - je. - y sigue, como si nada - La cosa es así: según la distancia de Tribunales, la clase de gente que saludás.
- Uh, empezó la hora de la humedad - se lamenta mi amigo Tico, abogado - Por eso acá lo tenemos al colega, que no da más de secante...
- En fin - exhala mi amigo Tuco, abogado - A la lluvia no se la puede parar, así que sigamos. Hagamos de cuenta que Tribunales es el centro de la tierra...
-¡Hagamos de cuenta! - gesticula ostentoso mi amigo Tico, abogado - ¡Che, avísenle al resto de la provincia que Tribunales no es el centro de la Tierra!
- No hagás caso, Romu - desestima mi amigo Tuco, abogado - Eso pasa por nacer en día sin santo patrono. Vos seguime y fijate cómo en la cuadra anterior a Tribunales (el núcleo de lava) todos los que me saludan son funcionarios o empleados que están rajados del palacio, o gestionando en la periferia
- A ver que anote: pe...ri...fe...ria. - se burla mi amigo Tico, abogado - Che, de a poco me voy haciendo el posgrado de oreja, yo, ¿eh?
- En la manzana misma de tribunales - prosigue impertérrito mi amigo Tuco, abogado - son todos aves negras que revolotean buscando víctimas o deshollando los que tuvieron la desgracia de caer por el lugar.
- Un aplauso para Prensa y Difusión del Colegio de Abogados - aplaude estentóreo mi amigo Tico, abogado - estamos chochos acá con la labor del amigo.
- En la cuadra que sigue a Tribunales, son todos ladrones de expedientes - sindica tajante mi amigo Tuco, abogado. - por eso saludan como pidiendo más ¿viste?
- Se dice gestores, auxiliares, personal de maestranza - enumera piadoso mi amigo Tico, abogado. - Nunca hay que ortivar la mano que te alimenta.
- En la cuadras que vienen después se amontonan procuradores, martilleros, escribanos y tantos afines tan lindos de esta bella profesión - desliza mi amigo Tuco, abogado - Y todos saludan, porque nunca se sabe.
- Eso tenés que anotarte en la agenda - contemporiza mi amigo Tico abogado - "No debo hablar gansadas de los demás, porque nunca se sabe".
- Y después vienen los civiles, que saludan con menos respeto que temor... - va terminando mi amigo Tuco, abogado - y a unas diez manzanas de distancia recién podés encontrarte saludando a un amigo.
- Difícil. - Le dedica mi amigo Tico, abogado, a su socio Tuco, mirándolo como para extremauncion.
- Che, y en ese pasaje - señalo una cortada sospechosa que da a los fondos del estudio de mis amigos Tuco y Tico, abogados - ¿quién saluda?
- Gatos - contestan al unísono mirando para otro lado. - Y no siempre.
Dicho lo cual suben la escalera rápido, no vaya a ser que los vean.
- Serán detritos, no estratos - corrige zumbón mi amigo Tico, abogado - por esta zona de la ciudad, podemos dar fe de que el hombre está compuesto por un 80 por ciento de meo.
Tuco y Tico son mis amigos abogados. Los bautizamos así porque si bien son cuervos de profesión, cierta liviandad de espíritu, así como un dilatado abuso del humor, los ubican más cerca de las urracas parlanchinas.
- Ja - Ja. - Acota mi amigo Tuco, abogado - Andá a hacerle guiones a La Niñera. En serio, Romu, prestá atención...
- Eso, eso, prestá atención, que está por disertar el licenciado - se mofa mi amigo Tico, abogado - Y aprovechá que la tarea docente la hace de onda, no te factura honorarios.
- Ja - ja ya está... - masculla mi amigo Tuco, abogado - Je - je. Eso: je - je. - y sigue, como si nada - La cosa es así: según la distancia de Tribunales, la clase de gente que saludás.
- Uh, empezó la hora de la humedad - se lamenta mi amigo Tico, abogado - Por eso acá lo tenemos al colega, que no da más de secante...
- En fin - exhala mi amigo Tuco, abogado - A la lluvia no se la puede parar, así que sigamos. Hagamos de cuenta que Tribunales es el centro de la tierra...
-¡Hagamos de cuenta! - gesticula ostentoso mi amigo Tico, abogado - ¡Che, avísenle al resto de la provincia que Tribunales no es el centro de la Tierra!
- No hagás caso, Romu - desestima mi amigo Tuco, abogado - Eso pasa por nacer en día sin santo patrono. Vos seguime y fijate cómo en la cuadra anterior a Tribunales (el núcleo de lava) todos los que me saludan son funcionarios o empleados que están rajados del palacio, o gestionando en la periferia
- A ver que anote: pe...ri...fe...ria. - se burla mi amigo Tico, abogado - Che, de a poco me voy haciendo el posgrado de oreja, yo, ¿eh?
- En la manzana misma de tribunales - prosigue impertérrito mi amigo Tuco, abogado - son todos aves negras que revolotean buscando víctimas o deshollando los que tuvieron la desgracia de caer por el lugar.
- Un aplauso para Prensa y Difusión del Colegio de Abogados - aplaude estentóreo mi amigo Tico, abogado - estamos chochos acá con la labor del amigo.
- En la cuadra que sigue a Tribunales, son todos ladrones de expedientes - sindica tajante mi amigo Tuco, abogado. - por eso saludan como pidiendo más ¿viste?
- Se dice gestores, auxiliares, personal de maestranza - enumera piadoso mi amigo Tico, abogado. - Nunca hay que ortivar la mano que te alimenta.
- En la cuadras que vienen después se amontonan procuradores, martilleros, escribanos y tantos afines tan lindos de esta bella profesión - desliza mi amigo Tuco, abogado - Y todos saludan, porque nunca se sabe.
- Eso tenés que anotarte en la agenda - contemporiza mi amigo Tico abogado - "No debo hablar gansadas de los demás, porque nunca se sabe".
- Y después vienen los civiles, que saludan con menos respeto que temor... - va terminando mi amigo Tuco, abogado - y a unas diez manzanas de distancia recién podés encontrarte saludando a un amigo.
- Difícil. - Le dedica mi amigo Tico, abogado, a su socio Tuco, mirándolo como para extremauncion.
- Che, y en ese pasaje - señalo una cortada sospechosa que da a los fondos del estudio de mis amigos Tuco y Tico, abogados - ¿quién saluda?
- Gatos - contestan al unísono mirando para otro lado. - Y no siempre.
Dicho lo cual suben la escalera rápido, no vaya a ser que los vean.

